miércoles, 12 de septiembre de 2018

Manifestación interna de la dinámica víctima-agresor-salvador

Podcast semanal #009 de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, para el programa "Ágape, por una ciudad educadora". El audio, seguido por su transcripción, para escuchar y/o leer, como más te guste.






Bienvenidos al espacio de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, fundada por quien les habla, Carolina Iglesias.
En la emisión anterior te pregunté si te atrevías a mirar la dinámica víctima-agresor-salvador de frente, y hoy te invito a explorar cómo se manifiesta cada rol en nuestro interior, en la estructura de supervivencia de nuestra crisálida. La forma más clara de detectar a cada uno de los roles es a través de los pensamientos, ya que cada uno se expresa con pensamientos bastante definidos.
Empecemos con el agresor. El agresor, al tener inhabilitada la empatía, solo puede vincularse ejerciendo el poder que la víctima cede. Se manifiesta entonces como el gran juez y la gran autoridad a partir de castigos y recompensas. Los pensamientos que emite son de exigencia extrema, desvalorización y juicio constante. Veamos algunos ejemplos: “Podría haberlo hecho mejor”, “no me esforcé lo suficiente”, “la vida me castigó”, “me lo merezco/no me lo merezco”, “soy muy gorda/flaca/joven/vieja/débil, etc.”, “soy un desastre en tal o cual cosa”. El agresor manipula a la víctima con pensamientos de desvalorización y culpa.
Para empezar a debilitar este rol, cuando detecto uno de sus pensamientos lo enfrento preguntándome: ¿A qué capacidades y habilidades creativas tendría acceso si dejara de criticar/juzgar/exigir en este momento? ¿Qué tengo para ofrecer y contribuir que me abriría formas libres de vincularme con los demás, sin necesidad de manipularlos, controlarlos o anularlos?
La víctima desactivó el amor por sí misma y la capacidad de entusiasmarse ante un desafío. La víctima está constantemente queriendo complacer al agresor, para evitar sus castigos y ganarse sus recompensas. Los pensamientos con los que se manifiesta son del estilo: “no puedo”, “a mí nada me sale me bien”, “el mundo contra mí”, “no tengo”. La víctima es la que siempre se relata los dolores y padecimientos. De vez en cuando pretende escudarse de los castigos del rol agresor con excusas como “yo no sabía”, “a mí nadie me avisó”. Todos los pensamientos que ubican el motivo de mi padecer en otro, ya sea con culpa o con responsabilidad son manifestaciones de la víctima. Desde ese lugar no se hace cargo de nada, siempre espera soluciones mágicas que no involucren su participación. Sigue los consejos del salvador buscando fracasar para poder decir: “ves, a mí nada me funciona”.
Para empezar a desactivar el rol de víctima, cuando detecto uno de sus pensamientos la enfrento preguntándome: ¿A qué posibilidades, capacidades y habilidades creativas tendría acceso si dejara de quejarme y de enfocarme en lo que creo que me falta? ¿Qué tengo disponible ahora? ¿Qué posibilidades se abrirían si creyera plenamente en mí misma y en mis capacidades?
El salvador es ese aspecto nuestro impulsado por el miedo, siempre en la búsqueda de soluciones, recetas, secretos y los pasos a seguir para resolver situaciones que no se presentan en mi realidad. Acumula soluciones “por las dudas”, todas fundadas en Oscuridad-Miedo. Necesita que el agresor siga generando problemas a la víctima para ser quien las resuelva. El salvador también ejerce el rol de juez que imparte castigos y recompensas, y en esa función, es aliado del agresor. Siempre dando consejos y diciendo lo que se debería hacer. El salvador se convierte en agresor cuando la víctima “no le hace caso” o cuando “no sigue sus consejos al pie de la letra”.
Para desactivar el rol del salvador lo enfrento preguntándome: ¿Qué posibilidades y capacidades creativas se me abrirían si dejara de enfocarme en buscar soluciones para problemas que no son reales? ¿Y si en lugar de solucionar me enfocara en crear? ¿Qué posibilidades se abrirían si creyera en mí misma y en mi capacidad creativa?

La desarticulación de las estructuras de supervivencia es una tarea personal e intransferible.

Si te entusiasma profundizar la aventura de descubrir quién eras antes de que te dijeran quién ser, te espero en mi página de Facebook, @CrisalidaAlquimia. Hasta la próxima.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Dinámica víctima-agresor-salvador

Podcast semanal #008 de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, para el programa "Ágape, por una ciudad educadora". El audio, seguido por su transcripción, para escuchar y/o leer, como más te guste.





Uno de los pilares en el autodescubrimiento de nuestro ADN cósmico -esa geometría energética particular que vinimos a expresar a partir de nuestra identidad humana- es la tarea de recuperar la percepción de nuestra libertad de SER. Dicha tarea implica necesariamente observar los pensamientos con los que hemos construido nuestra estructura de supervivencia, cuestionarlos y elegir de nuevo, ya no con el propósito de supervivencia sino con el propósito de empezar a contribuir con creaciones originales.
Hoy te propongo observar, de la manera más neutra posible, el triángulo que sostiene muchísimas capas de supervivencia del género humano. Se trata de la dinámica víctima - agresor – salvador. La víctima ocupa el rol del “pobrecito”, del que no puede, del que no tiene los recursos necesarios para su vida, del que todos deben apiadarse, es el rol del más débil, el que se cree incapaz de recuperar o desarrollar su propia fortaleza. El rol de víctima debe necesariamente tener suspendido, olvidado o censurado su aspecto fuerte, equilibrador y defensor de las fronteras de su configuración particular. El rol del agresor, por otra parte, aprovecha la autocensura de poder de la víctima para ejercer su propio poder sobre ella y su territorio. El agresor, para poder agredir, tiene que tener autocensurada su capacidad de empatizar con el sentir de la víctima. El triángulo se completa con la figura del salvador, que empatiza con la víctima y le ofrece su propia energía equilibradora y defensora de frontera para salvarla del agresor. El rol del salvador no activa la energía de poder en la víctima, sino que ofrece la propia para sentirse bien consigo mismo. En esta dinámica, ninguno de los roles está equilibrado ni tiene todos sus aspectos energéticos funcionales activos. Todos parten de una gran desvalorización y de una herida muy profunda, y a partir de esa plataforma de distorsión inconsciente, actúan.
Esta dinámica se ve claramente en la sociedad en grupos de defensa, protesta y denuncia. Al adentrarme en mi crisálida para observar esta dinámica de cerca, me sorprendió descubrirla incluso en los reclamos de justicia. ¿Qué reclamo cuando pido justicia? ¿Quiénes piden justicia? ¡Las víctimas y los salvadores! Si la juego de víctima, reclamo que todos los agresores paguen y sufran por lo menos un poquito de lo que me hicieron sufrir a mí. Y en ese caso ¿de qué me sirve un agresor encerrado si mi campo energético sigue desprovisto de mi fortaleza interna, es decir, de lo único que realmente podría permitirme vivir segura? Si en cambio la juego de salvadora, hago que la fuerza de mi voz y mi actuar suplan la fortaleza de la víctima, reforzando su condición de víctima, ya que al defenderla y salvarla yo me creo poderosa y valiosa. La triste verdad de la salvadora es que sin víctimas ni agresores, no tiene razón de ser, ya que nunca se le ocurrió usar su fortaleza y su voz para la creación de algo original, porque en el fondo no se siente capaz de hacerlo.
Cuando me atreví a mirar este juego de frente, me pregunté: “¿Qué es capaz de crear una persona totalmente libre de esta dinámica? ¿Qué es capaz de crear una sociedad totalmente libre de esta dinámica?
Y sin dudarlo, decidí averiguarlo, empezando por mí. Mi intención es recuperar la funcionalidad completa de mi ser en armonía dinámica, dejando en libertad todos mis aspectos energéticos constitutivos. Para llevar a cabo esta tarea de autoliberación, tengo que estar dispuesta a observar con curiosidad, neutralidad y compasión toda mi estructura de pensamientos, sentires y acciones. Al observarme, detecto y descubro dónde tengo activa la dinámica de víctima-agresor-salvador, y es entonces que con amor incondicional puedo llegar a percibir la inocencia de los tres roles, cualquiera sea el más preponderante, y proceder a desactivar la dinámica completa.
Se trata de un modelo en desarrollo. Es una propuesta artesanal y comprometida de reorganización interna a partir de la toma de conciencia. Y hoy te invito a preguntarte, ¿te atrevés a mirar esta dinámica de frente? ¿Cómo ves este juego vos? ¿Lo estás jugando por elección libre?
Generar procesos para desmantelar la estructura de supervivencia y empezar el armado del vehículo más adecuado para mi expresión original es mi primera vocación; y ahora también disfruto compartir mis desarrollos con quienes resuenen con ellos.
Si te entusiasma profundizar la aventura de descubrir quién eras antes de que te dijeran quién ser, te espero en mi página de Facebook, @CrisalidaAlquimia. Hasta la próxima.

jueves, 23 de agosto de 2018

Amor por uno mismo


Podcast semanal #007 de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, para el programa "Ágape, por una ciudad educadora". El audio, seguido por su transcripción, para escuchar y/o leer, como más te guste.




Bienvenidos al espacio de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, fundada por quien les habla, Carolina Iglesias.
En esta oportunidad quiero empezar a hablar de un ingrediente fundamental e ineludible a la hora de emprender el camino de autodescubrimiento y transformación: el amor incondicional por uno mismo.
Antes de adentrarme en el tema, vamos a desmantelar el argumento que dice que amarse a uno mismo es ser egoísta. Si una persona me acusa de egoísta por enfocarme en amarme a mí, en realidad lo que está reclamando es que me enfoque en amarla a ella, desatendiendo mis propios requerimientos de ser necesario. Visto así, ¿quién es la egoísta en ese escenario? Se trata de un argumento basado en la carencia y la victimización de quien reclama. Es un argumento de codependencia típico de las capas de estructura de supervivencia. Solo quien no se ama a sí mismo puede acusar de egoísta a otro que elige ser su propia prioridad.
Si estás entre los que se aburrieron de ese modelo y estás buscando reconocer y redescubrir eso que te hace único e irrepetible, mis palabras van a alentar y apoyar tu búsqueda. Estoy convencida de que quien reconoce su particularidad original contribuye al todo con expresiones y creaciones genuinas; además, hace aportes desde un espacio de libertad y respeta la libertad de la diversidad que lo rodea.
La propuesta desde Crisálida es convertirte en eso que buscás: ser quien te ama como te gusta que te amen y a la vez ser quien reciba feliz el amor que das incondicionalmente.
¿A qué me refiero cuando hablo de amor incondicional por uno mismo? Aludo a “eso” que todos buscamos y que no podemos definir claramente, pero que tiene que ver con la aceptación, con el permiso de ser, con la celebración, la alegría, la escucha atenta; el aliento ante los errores y el abrazo ante la frustración. Amor incondicional es eso que te recibe, te contiene y te sostiene hagas lo que hagas, digas lo que digas, calles lo que calles y vibres como vibres; incondicional hayas hecho lo que hayas hecho y lo que sea que vayas a hacer, decir, callar y ser de ahora en más.
¿Cómo sería prácticamente amarse a uno mismo? Te cuento lo que significa para mí. Amarme a mí misma significa ocuparme de darme lo que necesito, brindarme espacios de libre expresión. Amarme implica abrazar los fragmentos de mi identidad que están atrapados en estructuras de carencias, miedos e intolerancias. Amarme a mí misma significa convertirme en un espacio seguro e incondicional en donde recibir a todos los fragmentos incomprendidos y confundidos que buscan volver a su hogar. Amarme a mí misma significa acompañarme con paciencia en mis procesos; tratarme con respeto y cariño, especialmente cuando hay partes de mí haciendo berrinches descontrolados. Amarme a mí misma significa transformarme en quien busco, una respiración a la vez.
Amor incondicional por uno mismo en la etapa de la Crisálida es el proceso por el cual la identidad aprende a amarse sí misma con la misma incondicionalidad que es amada por su Esencia, el Universo y la inefable Nada-Todo.
Desde nuestro centro, los aspectos de la identidad ya integrados a la Esencia le abren los brazos amorosos a todos los fragmentos de identidad que están en las capas de camuflaje listos para retornar y unificarse también.
La metamorfosis no estará completa hasta haber integrado hasta el último fragmento de identidad. Solo entonces el capullo de supervivencia podrá ser disuelto por completo.
La incondicionalidad requerida para este proceso solo puede venir de uno mismo. Y esa es la invitación de hoy. ¿Qué significa para vos amarte incondicionalmente? ¿Recordás la incondicionalidad por vos mismo que tenías de niño? ¿En qué áreas no comprometiste esa capacidad? ¿Qué áreas están sedientas de tu mayor pureza? ¿Cuál sería tu próximo paso en este proceso?



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jueves, 16 de agosto de 2018

El proceso de transformación



Podcast semanal #006 de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, para el programa "Ágape, por una ciudad educadora". El audio, seguido por su transcripción, para escuchar y/o leer, como más te guste.




Bienvenidos al espacio de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, fundada por quien les habla, Carolina Iglesias.
En la entrega anterior, dijimos que Alquimia Espiritual es el proceso de pasar de una percepción fundada en Oscuridad-Miedo a otra fundada en Oscuridad-Amor. Si bien dicho así esto puede sonar muy abstracto o muy romántico, se trata de una propuesta de aplicación bien práctica.
Veamos cómo sería. Hace unas semanas te propuse empezar a observar todos los mensajes que recibís en forma de orden para detectar a la autoridad que está detrás de ella. Si cuando recibo un mensaje en modo imperativo mi reacción inmediata es obedecerla o al menos aceptarla como verdadera –incluso rebelarme contra ella, con una carga emocional fuerte-, se trata de una reacción basada en oscuridad-miedo. En algún punto existe el mandato interno que dice: “hacé lo que te dicen para evitar consecuencias indeseables”. En el momento en que me permito observar mi reacción con curiosidad y cuestionar la voz detrás de la orden, ya hice un cambio. La versión que observa no se identifica con la voz que me incita a obedecer por miedo. La versión que observa tiene una perspectiva más amplia que le permite observar y escuchar a la versión que suele reaccionar, le permite dialogar con ella. La versión con mayor perspectiva está alineada, o más cerca de estar alineada, con la premisa Oscuridad-Amor.
Es en esta actitud curiosa de observar nuestros pensamientos y reacciones que vamos descubriendo cómo hemos construido nuestro camuflaje; vamos descubriendo qué pensamientos, reacciones y conductas imitamos de nuestro entorno para armar nuestro capullo de supervivencia. Una vez reconocida la estructura como de nuestra propia creación –incluso todas las capas construidas en forma inconsciente- y vemos lo bien que la hemos configurado ya que estamos vivos, sobrevivimos, cumplió su función, esta estructura matricial puede pasar de ser capullo de supervivencia a laboratorio de transformación: el laboratorio en el cual realizar la alquimia espiritual que desarticule las estructuras que ya no necesitamos.
Así entendida, la estructura que en un primer momento podemos sentir como limitante se transforma en la materia prima para redescubrirnos, transformarnos y empezar a expresar nuestra particularidad original libremente.
En mi propia observación noté que había hecho que una de las capas de camuflaje de mi Crisálida fuera mi “jefe”, mi “autorizad”, mi “juez”, incluso “mi dios”.
Si visualizo mi crisálida como una esfera en cuyo núcleo está la configuración original de mi particularidad, las capas más alejadas de ese núcleo son el camuflaje de imitación del entorno. Cuanto más tiempo paso en las capas, más alejada me siento de mí misma. Es así que yendo “hacia adentro”, “hacia mi centro”, “hacia atrás”, retorno a la perspectiva de mi esencia. Desde esa perspectiva central, la capa de camuflaje que puse como mi juez va perdiendo poder y autoridad, ya que la autoridad y soberanía regresa a la Esencia, que paradójicamente, no juzga. La identidad que con su libre albedrío realiza este movimiento hacia el centro, hacia adentro y hacia atrás,  va fundiéndose poco a poco con la Esencia, produciéndose así la metamorfosis humana a medida que juntas disuelven las capas de distorsión.
¿Cuál es el punto cúlmine de esta transformación? No lo sé, ya que aún estoy transitando el proceso. Sin embargo, participar conscientemente de mi transformación es en sí mismo es fascinante. Y dado que cada vez vivo más alineada con perspectivas de Oscuridad-Amor, lo incierto que me depare el futuro solo puede ser cada vez más fascinante y maravilloso.

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jueves, 9 de agosto de 2018

El armado artesanal de la Crisálida


Podcast semanal #005 de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, para el programa "Ágape, por una ciudad educadora". El audio, seguido por su transcripción, para escuchar y/o leer, como más te guste.




            En mi experiencia de autodescubrimiento y la observación directa del mundo que me rodea, percibo que la aventura humana vendría a ser algo parecido a lo siguiente. Un bebé nace con una gran percepción de su Esencia Original, de su versión particular y original de la Nada-Todo. Llega a su versión humana lleno de entusiasmo por expresar esa originalidad particular a través de su identidad. Sin embargo, rápidamente empieza a sentirse inseguro al advertir que su expresión pura no es tolerada y no encaja en la realidad perceptible. Además, observa que las personas que tiene a su alrededor tampoco expresan su originalidad, sino que la tienen cubierta de capas de distorsión con las que se mueven e interactúan. Dado que este bebé/niño depende de los adultos que lo rodean para todo, y reconociendo la incomodidad que su expresión natural produce, se arma él también un capullo denso con capas de sombras y distorsión imitando lo que hacen las personas que lo rodean como camuflaje de su esencia, con el objetivo de pasar desapercibido y sobrevivir.
En un principio, conservamos la percepción de nuestro ser original hacia adentro, y mostramos el camuflaje hacia afuera. Así vemos cómo los niños pasan tanto tiempo en su mundo, teniendo aventuras de gran fantasía y con un caudal inagotable de energía. Van ejercitando obedecer lo que sus padres, cuidadores y maestros indican, muchísimas veces limitando su expresión, pero hacia adentro conservan intacta la conciencia de todo lo que por ahora no les es permitido expresar.
Con el correr del tiempo, esa diferencia es muy dolorosa de sostener, pero aún no estamos listos para sobrevivir sin camuflaje. Entonces elegimos olvidar en gran medida nuestra versión original y creer que somos el camuflaje que hemos creado.
Para algunos de nosotros, llega un momento en que el camuflaje se vence y ya no funciona; es el momento en que estamos maduros para expresarnos con nuestra versión original. ¡Pero la hemos olvidado! ¿Cómo recupararla?
La perspectiva de la Crisálida te invita a adentrarte en tu mundo interior para mostrarte la cara interna de tu camuflaje. Allí están guardados todos los códigos de tu versión original con todas las actualizaciones acumuladas en forma inconsciente a lo largo de la vida camuflada.
Siguiendo con lo expresado en entregas anteriores, nuestra versión inocente sabe con certeza que lo oscuro, lo incierto y lo desconocido es Amor; sin embargo, todas las capas de camuflaje son las que sostienen que la oscuridad debe ser temida a toda costa. Esas capas de camuflaje están creadas a partir de una versión de Oscuridad-Miedo.
La Alquimia Espiritual es el proceso de pasar de una percepción fundada en Oscuridad-Miedo a otra fundada en Oscuridad-Amor. Dicho de otra manera, la Alquimia Espiritual es el proceso de reconocimiento, liberación y expresión de tu versión original a partir del camuflaje de tu propia creación.

El armado de la crisálida fue artesanal.
El descubrimiento y la permeabilización de ella también lo es.

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domingo, 5 de agosto de 2018

Ser libre incluye cuestionar la autoridad detrás de cada imperativo



Comparto el micro semanal #004 de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, para el programa "Ágape, por una ciudad educadora".




Bienvenidos al espacio de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, fundada por quien les habla, Carolina Iglesias.
La invitación de hoy es a observar todos los mensajes y frases en imperativo que recibimos a diario. Un imperativo, para los que no se acuerdan de sus clases de lengua, es la forma verbal que se usa para expresar mandatos y órdenes. Ejemplos de imperativos son las frases: “hacé, vení, comprá, aprovechá”.
Esta forma de comunicar es la más usada en publicidad. En ese caso,  este tipo de mensajes resultan muy fáciles de detectar, y además, también es muy fácil saber de quién es la voz detrás de ese imperativo, ya que siempre es la empresa del producto o servicio publicitado. Siguiendo este formato, las redes sociales están plagadas de mensajes como “Suscribite, dale me gusta, compartí”, y en casi todos los casos también es claro de quién es la voz que las dice. Sin embargo hay otros mensajes en los que no está del todo claro quién está detrás de esa orden, de quién es la voz detrás de esa orden, quién se está postulando como autoridad.
Desde la perspectiva de la Crisálida propongo observar en cuánto desde bebés y niños buscábamos la aprobación de los adultos a fin de asegurarnos la supervivencia. Así, muchos de nosotros incorporamos en nuestra crisálida el programa de ser buenos, portarnos bien, conseguir premios y evitar castigos. Obedecer y acatar órdenes quedó muy grabado, a tal punto de generar reacciones automáticas a obedecer. De vez en cuando creemos escapar de esos programas reaccionando con rebeldía, pero eso no es salirse del programa, sino simplemente explorar el otro extremo del mismo. De una u otra manera, las frases con formato en imperativo tienen un gran impacto en nuestras conductas.
Ahora bien, no solo recibimos órdenes desde la publicidad y las redes sociales en sí mismas. El formato en imperativo aparece con muchísima frecuencia en frases célebres e incluso en muchísimos libros de autoayuda. El asunto en estos casos es que muchas veces lo que dicen en forma de orden es una buena idea; el único inconveniente es cómo lo estamos recibiendo. Cuando alguien elige dirigirse a nosotros usando el imperativo, se ubica al menos un escalón por encima de quien escucha o lee; de manera inversa, quien recibe la orden en automático se ubica al menos un escalón por debajo de quien la da.
Mi invitación desde Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, es que empieces a observar todos los mensajes en imperativo a fin de generarte unos segundos de amortiguación antes de reaccionar automáticamente. Esos segundos te van a permitir pensar por vos mismo y responder libremente en lugar de reaccionar automáticamente
Entonces, la propuesta sería, la próxima vez que detectes uno de estos mensajes que prestes atención  a quién lo está diciendo, de quién es la voz autoritaria detrás de ese mensaje y qué grado automático de acatamiento te genera. En muchos casos, la orden cae casi de inmediato al ser vista con conciencia y atención. En los casos en que la idea propuesta sea buena, te sugiero desarticular el formato en que viaja la idea y reformular la frase. Una forma simple de reformular frases de este tipo es cambiarlas a primera persona, siendo vos tu propia autoridad. A modo de ejemplo tomemos la frase atribuida a Ghandi “sé el cambio que quieras ver en el mundo”. Esta propuesta me resuena, sin embargo, está en forma de orden, como si quien la dice tuviera autoridad para decirme quién o cómo tengo que ser. Entonces, la reformulo en primera persona y digo: “yo soy el cambio que quiero ver en el mundo”.  

Ser libre incluye cuestionar la autoridad detrás de todo imperativo.


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miércoles, 1 de agosto de 2018

Perspectiva Oscuridad-Amor



Comparto el tercer micro semanal de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, para el programa "Ágape, por una ciudad educadora".

El audio, seguido por su transcripción.


Bienvenidos al espacio de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, fundada por quien les habla, Carolina Iglesias.
La primera invitación de la Crisálida es adentrarnos en nuestro mundo interior con el propósito de empezar a reconocer nuestra huella digital original, nuestro ADN cósmico. En términos más simples, empezar a reconocer aquello que nos hace únicos e irrepetibles. Si bien esta propuesta puede generar mucho entusiasmo en muchos de nosotros, también genera un conflicto: “¿Y si no me gusto?”. Entonces, a menudo preferimos crearnos una identidad de fantasía y buscamos sostenerla a cualquier precio.
Creer que lo desconocido no me va a gustar o que es algo de lo que me tengo que cuidar parte del diseño básico de la experiencia distorsionada que dice que todo lo oscuro, lo desconocido y lo incierto es algo a lo que temer. Sin embargo, la naturaleza nos muestra que todas las creaciones nacen de un ámbito oscuro, desconocido e incierto. Los mamíferos nacemos de un vientre oscuro que está totalmente equipado para sostener al embrión hasta que esté maduro para nacer. Un huevo o una crisálida también son ámbitos oscuros de gestación. El suelo de donde emergen las plantas es oscuro, misterioso y fértil. Incluso el fondo del mar, que sostiene las aguas que vemos de un azul-turquesa cristalino es sumamente oscuro. Partiendo de la observación del mundo natural que nos rodea, te invito a considerar que lo oscuro, lo desconocido y lo incierto sea una fuente de amor y no una fuente de miedo.
Antes de invitarte a aventurarte a descubrir tu particularidad, voy a invitarte a observar durante unos días todas las respuestas automáticas que se desprenden de la premisa de que lo oscuro, lo desconocido y lo incierto es una fuente de miedo. Te propongo observar tus pensamientos. Los pensamientos a los que me refiero son los que expresan desconfianza, extremo cuidado y sospecha. También están en la bolsa los pensamientos de control. El querer controlar una situación o una conducta refleja que si sé lo que va a suceder o cómo va a suceder estoy mucho más tranquila que si no lo sé. Y si quiero evitar lo que no sé, es porque tengo de base el programa que dice que debo temer a lo desconocido.
Por otra parte, también te propongo observar tus emociones y las reacciones de tu cuerpo físico ante una situación desconocida. A veces una situación desconocida puede ser la sala de espera de un médico o un trámite. Otras veces incluso puede ser ir a una reunión en la que no conozco a nadie. En la actualidad, el método de escape para evitar sentir la incomodidad ante lo desconocido es refugiarnos en las pantallas conocidas de nuestro teléfono celular. Te invito a observar ese acto reflejo, y si podés, observá y acompañá tus emociones y tu cuerpo unos minutos antes de abrirlo.
Estas propuestas de observación son para empezar a tomar conciencia de las conductas y reacciones automáticas ante lo desconocido, para revisarlas y poder elegir libremente. ¿Cómo actuaría y respondería si en lugar de temer tuviera plena confianza en lo desconocido e incierto?



Si te entusiasma profundizar en la aventura de descubrir quién eras antes de que te dijeran quién ser, te espero en mi página de Facebook, @CrisalidaAlquimia. ¡Hasta la próxima!