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miércoles, 14 de noviembre de 2018

Libertad de experimentar el vacío



Podcast semanal #018 de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, para el programa "Ágape, por una ciudad educadora". El audio, seguido por su transcripción, para escuchar y/o leer, como más te guste.





Bienvenidos al espacio de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, fundada por quien les habla, Carolina Iglesias.
Hoy te invito a reflexionar sobre el vacío. La utilidad de un contenedor de cualquier índole reside en su vacuidad: es cuando la taza está vacía que podemos servirnos un té caliente y aromático. Hay belleza en el vacío, hay lugar para que existan innumerables posibilidades dentro de esa vacuidad. Juguemos por un momento y enumeremos algunas cosas que podríamos poner en una taza vacía: agua, té, café, alcohol, aceite, cereales, semillas, chispas de chocolate, cuentas de collar, piedras, botones, una planta, detergente, azúcar, mezcla para hacer burbujas, helado... Y si quiero combinar varios elementos y busco homogeneizarlos dentro de la taza, necesito dejar un espacio vacío a tal efecto.
Si bien nos resulta fácil percibir y conocer la utilidad y el valor de la vacuidad esencial de la multiplicidad de contenedores de uso cotidiano, pareciera que de alguna manera hemos sostenido la creencia automática de que la completud es el estado deseado del ser humano– SIEMPRE. ¿Recordás la premisa aparentemente sabia de que hay que ver el vaso medio lleno? ¿En serio? ¿Siempre es mejor enfocarse en la mitad llena? ¿No es al menos algunas veces más útil que el vaso esté vacío para poder llenarlo de lo que sea que tengamos ganas AHORA? ¿No podríamos también ver la mitad vacía como la oportunidad de ser creativos contribuyendo con algo distinto a lo que ya contenga el vaso y generar una nueva combinación?
Ahora te propongo considerar nuestra expresión humana como una vasija única y hermosa; y no solo el cuerpo físico, sino también los cuerpos emocional, mental y etérico: consideremos que cada ser humano es una síntesis de todas sus vidas pasadas y futuras en todos los planos y galaxias. Resulta lógico que se requiera bastante espacio vacío para combinar la vasta diversidad de aspectos y dimensiones que nos habitan. Y si consideramos que por cada 0,01% de materia hay 99,99% de espacio vacío de puro potencial, la relevancia del vacío en nuestra vida resulta innegable.
¿Qué te parece empezar a observar el permiso que te das de experimentar el vacío en la vida cotidiana? Te invito a observar creencias, pensamientos y reacciones automáticas frente al vacío. Te cuento algunos ejercicios prácticos que uso a tal propósito.
Una alternativa es observar y percibir el vacío antes de realizar alguna actividad habitual como comer o beber. A veces la sensación de vacío se anticipa como una urgencia a tomar el celular, encender el televisor o ponerse a leer. Te invito a detenerte un par de minutos y estar presente con las sensaciones y pensamientos de no hacer nada, a percibir el vacío tal como se  presenta.  
Otra sugerencia es “sumar o incluir vacío” a través de respiraciones profundas o instantes de no hacer nada, como puede ser quedarte unos segundos más en el baño o en el auto.
 Y finalmente, si llegaras a tener algún momento de aburrimiento, te propongo explorar qué se ha vaciado que produce aburrimiento, o si llamás “aburrimiento” a la sensación incómoda de vacío. ¿Te atrevés a sentir la incomodidad? ¿Tiene la incomodidad libertad de expresarse en vos?
Si te entusiasma profundizar la aventura de descubrir quién eras antes de que te dijeran quién ser, te espero en mi página de Facebook,@CrisalidaAlquimia. Ahí están los enlaces a las transcripciones de estos audios  y también podés dejar tus comentarios, preguntas y sugerencias para una emisiones futuras. Muchas gracias y ¡hasta la próxima!

martes, 30 de octubre de 2018

La madre interior

Podcast semanal #016 de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, para el programa "Ágape, por una ciudad educadora". El audio, seguido por su transcripción, para escuchar y/o leer, como más te guste.





Bienvenidos al espacio de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, fundada por quien les habla, Carolina Iglesias.
En esta oportunidad recurrí a mi herramienta de enfoque por excelencia, las runas celtas, para elegir qué tema abordar esta semana. Interesantísimo, porque salió la runa de la madre, siendo que el fin de semana pasado fue el día de la madre. Así es que una semana más tarde, tenemos la oportunidad de reconocer y profundizar sobre nuestra madre interna.
La madre interna es un aspecto de nuestra originalidad que empieza a surgir en la pubertad, cuando experimentamos el quiebre que se produce cuando necesitamos una palabra de aliento, una manera de sostener o de acompañarnos que estaría buenísimo que viniera de nuestra madre, pero somos conscientes de que nuestra madre biológica no tiene lo que nosotros necesitamos en esta oportunidad; no lo tiene desarrollado o madurado en sí misma. No es que no lo quiera dar; simplemente no lo tiene. Si tomo conciencia de esto, tengo la oportunidad de liberar a mi madre de la carga de tener que satisfacer todas mis necesidades inmaduras; y al mismo tiempo libero  a todos mis aspectos niños e inmaduros de la frustración recurrente de comparar a nuestra madre de carne y hueso con nuestra madre de fantasía.
Lo interesante es que nuestra madre de fantasía encierra en sí misma las características más salientes del aspecto maternal de mi Esencia, que siempre estuvo disponible para mi identidad. Al permitirme reconocer y reposar en ese aspecto esencial, empiezo a activar a mi “madre interior” y  a relacionarme con  ella como la perfecta madre para mí, la que siempre me comprende y siente gratitud solo porque nací. Esa “madre interior” es nuestra mayor fuente de amor propio, y al reconocerla, liberamos al resto del mundo de la tarea de tener que consolarnos, decirnos las palabras correctas, entendernos, estar para nosotros incondicionalmente, más todo lo que cada uno elija añadirle a esa lista. Y a buena noticia es que a esa capacidad, a esa madre interna, no la empiezo a activar de cero, ya tenemos una plataforma que tenemos que reconocer. Esa plataforma está formada por varias piezas. Una pieza es lo mejor que recibí y sigo recibiendo de mi madre de carne y hueso, en caso de tenerla viva. Otra pieza de la plataforma es nuestro lado más nutricio y cuidador, ese que extendemos con tanta maestría a nuestros propios hijos --si los tenemos-- a los sobrinos, alumnos, a todos los niños con los que interactuamos. Otra pieza es esa energía compasiva y alentadora que extendemos a nuestros amigos, esa incondicionalidad de estar, de escuchar, de acompañar. También sumamos nuestra forma de vincularnos con las mascotas,  las mascotas que nos invitan fluir amor incondicional porque nunca las podemos culpar ni juzgar por lo que hacen. La plataforma se fortalece cuando empezás a apreciar las cualidades que te hacen un lugar seguro para tus seres queridos, cuando te abocás a descubrir cuál es tu combinación particular de características a las que recurrís para reconfortar a otros y hacerlos sentir mejor, en paz consigo mismos, y con confianza para seguir.
Y luego viene la mejor parte: empezar a dirigir esa maravillosa frecuencia vibratoria hacia vos. Empezar a volverte consciente de cómo se siente estar del lado de quien recibe tu energía maternal. Empezar a cultivarla y disfrutarla. La invitación es a convertirte en el dador y el receptor de uno de tus dones más especiales, y mientras lo hacés, te abrís a experimentar el amor y la incondicionalidad de tu Esencia en su multiplicidad de dimensiones.
Si te entusiasma profundizar la aventura de descubrir quién eras antes de que te dijeran quién ser, te espero en mi página de Facebook,@CrisalidaAlquimia. Ahí también podés dejar tus comentarios, preguntas y sugerencias para un próximo audio. Muchas gracias y ¡hasta la próxima!

jueves, 23 de agosto de 2018

Amor por uno mismo


Podcast semanal #007 de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, para el programa "Ágape, por una ciudad educadora". El audio, seguido por su transcripción, para escuchar y/o leer, como más te guste.




Bienvenidos al espacio de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, fundada por quien les habla, Carolina Iglesias.
En esta oportunidad quiero empezar a hablar de un ingrediente fundamental e ineludible a la hora de emprender el camino de autodescubrimiento y transformación: el amor incondicional por uno mismo.
Antes de adentrarme en el tema, vamos a desmantelar el argumento que dice que amarse a uno mismo es ser egoísta. Si una persona me acusa de egoísta por enfocarme en amarme a mí, en realidad lo que está reclamando es que me enfoque en amarla a ella, desatendiendo mis propios requerimientos de ser necesario. Visto así, ¿quién es la egoísta en ese escenario? Se trata de un argumento basado en la carencia y la victimización de quien reclama. Es un argumento de codependencia típico de las capas de estructura de supervivencia. Solo quien no se ama a sí mismo puede acusar de egoísta a otro que elige ser su propia prioridad.
Si estás entre los que se aburrieron de ese modelo y estás buscando reconocer y redescubrir eso que te hace único e irrepetible, mis palabras van a alentar y apoyar tu búsqueda. Estoy convencida de que quien reconoce su particularidad original contribuye al todo con expresiones y creaciones genuinas; además, hace aportes desde un espacio de libertad y respeta la libertad de la diversidad que lo rodea.
La propuesta desde Crisálida es convertirte en eso que buscás: ser quien te ama como te gusta que te amen y a la vez ser quien reciba feliz el amor que das incondicionalmente.
¿A qué me refiero cuando hablo de amor incondicional por uno mismo? Aludo a “eso” que todos buscamos y que no podemos definir claramente, pero que tiene que ver con la aceptación, con el permiso de ser, con la celebración, la alegría, la escucha atenta; el aliento ante los errores y el abrazo ante la frustración. Amor incondicional es eso que te recibe, te contiene y te sostiene hagas lo que hagas, digas lo que digas, calles lo que calles y vibres como vibres; incondicional hayas hecho lo que hayas hecho y lo que sea que vayas a hacer, decir, callar y ser de ahora en más.
¿Cómo sería prácticamente amarse a uno mismo? Te cuento lo que significa para mí. Amarme a mí misma significa ocuparme de darme lo que necesito, brindarme espacios de libre expresión. Amarme implica abrazar los fragmentos de mi identidad que están atrapados en estructuras de carencias, miedos e intolerancias. Amarme a mí misma significa convertirme en un espacio seguro e incondicional en donde recibir a todos los fragmentos incomprendidos y confundidos que buscan volver a su hogar. Amarme a mí misma significa acompañarme con paciencia en mis procesos; tratarme con respeto y cariño, especialmente cuando hay partes de mí haciendo berrinches descontrolados. Amarme a mí misma significa transformarme en quien busco, una respiración a la vez.
Amor incondicional por uno mismo en la etapa de la Crisálida es el proceso por el cual la identidad aprende a amarse sí misma con la misma incondicionalidad que es amada por su Esencia, el Universo y la inefable Nada-Todo.
Desde nuestro centro, los aspectos de la identidad ya integrados a la Esencia le abren los brazos amorosos a todos los fragmentos de identidad que están en las capas de camuflaje listos para retornar y unificarse también.
La metamorfosis no estará completa hasta haber integrado hasta el último fragmento de identidad. Solo entonces el capullo de supervivencia podrá ser disuelto por completo.
La incondicionalidad requerida para este proceso solo puede venir de uno mismo. Y esa es la invitación de hoy. ¿Qué significa para vos amarte incondicionalmente? ¿Recordás la incondicionalidad por vos mismo que tenías de niño? ¿En qué áreas no comprometiste esa capacidad? ¿Qué áreas están sedientas de tu mayor pureza? ¿Cuál sería tu próximo paso en este proceso?



Si te entusiasma profundizar la aventura de descubrir quién eras antes de que te dijeran quién ser, te espero en mi página de Facebook, @CrisalidaAlquimia. Hasta la próxima.

lunes, 30 de julio de 2018

Primeros pasos

Comparto el segundo micro semanal de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, para el programa "Ágape, por una ciudad educadora".

El audio, seguido de su transcripción.


Enlace al audio haciendo clic acá.






Bienvenidos al espacio de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, fundada por quien les habla, Carolina Iglesias.

Hoy traigo una propuesta alquímica sobre los primeros pasos. Lo hago mirando mi fondo de pantalla con una foto de cuando tenía un año, en la que estoy dando uno de mis primeros pasos. Se ven un par de manos amorosas que me sostienen los bracitos. Mi semblante es radiante, con una amplia sonrisa y destellos de entusiasmo en la mirada. En ese momento, lo que hoy llamo tropezones, caídas e intentos fallidos eran percibidos como el inicio de una actividad, como el natural proceso de adquirir una nueva destreza en la que muy pronto adquiriría maestría. Me ayudaba que los adultos a mi alrededor lo percibían de la misma manera.

En junio di inicio a mi emprendimiento de autodescubrimiento y transformación personal. Elegí aplicar la perspectiva de los primeros pasos de un bebé con el propósito de estar presente, disfrutar y conocer más sobre mí cuando empiezo algo nuevo. El primer evento de Crisálida tuvo mucha más convocatoria de la que yo esperaba, y al segundo no fue nadie. Todos los días publico una reflexión en Facebook. Algunas tienen mucha aceptación y comentarios; otras, muy poquitos, y otras parecen pasar desapercibidas. Una persona está encantada con las entrevistas particulares. Silvina me invita a tener un micro en la radio. Así son los primeros pasos de Crisálida, y la perspectiva del desarrollo y crecimiento orgánico hace que disfrute cada una de sus instancias iniciales.

Sin embargo, no siempre viví así mis nuevos emprendimientos. Había aprendido que debía fingir ser exitosa, exagerar los logros y ocultar lo que el mundo llama fracasos. Para construir una base sólida debía mentir y fingir cómo eran sus cimientos en realidad. Lo más doloroso era escuchar a quienes –a los gritos- querían darme consejos sobre primeros pasos para evitarme los tropezones que ellos dieron. ¡Como si un bebé pudiera evitar aprender a caminar sin caerse solo porque sus padres ya no se caen! Es un desafío diario descartar esa perspectiva colectiva y alinearme con la mía, más sincera, vulnerable y realista. Es una destreza que requiere práctica constante.

Desde este espacio hoy te propongo que consideres en qué estás dando primeros pasos. ¿Un emprendimiento? ¿Estás aprendiendo a tocar un instrumento, a pintar o a hablar un nuevo idioma? ¿Te animaste a aprender a manejar o a practicar un nuevo deporte? ¿Acabás de ser mamá o papá? ¿Tenés un trabajo nuevo?

La propuesta alquímica es que te acompañes en esos primeros pasos con curiosidad. ¿Cómo son los primeros pasos de este nuevo emprendimiento? ¿Cómo son mis primeros pasos en esto que estoy aprendiendo? ¿Cuál es el ritmo incial de mi nueva actividad? ¿Cómo soy yo dando estos primeros pasos? ¿Qué me entusiasma de este momento? ¿Qué aporte original tengo para esta instancia? Si surgen voces de crítica, las enfrento y me pregunto: “¿Le diría esto a un bebé de un año que está aprendiendo a caminar?”. Si la respuesta es no, dialogo con mi aspecto crítico y le digo: “¿Qué palabras sabias y amorosas se esconden detrás de esa capa de crítica? Estoy lista para escucharlas”.

Si te entusiasma profundizar en la aventura de descubrir quién eras antes de que te dijeran quién ser, te espero en mi página de Facebook, @CrisalidaAlquimia, sin acento. ¡Hasta la próxima!

viernes, 27 de julio de 2018

Presentación de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual

Aquí comparto el primer micro radial de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual para el programa ''Ágape" El audio, seguido por la transcripción; para escuchar y/o leer, como más te guste.


El enlace al audio está acá.


Bienvenidos al espacio de Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual, fundada por quien les habla, Carolina Iglesias.


Crisálida, escuela de Alquimia Espiritual es el marco a partir del cual acompaño a quienes buscan recursos prácticos para sentirse a gusto en su mundo interior, explorar sus tesoros y hacer de él una escuela personalizada de autodescubrimiento y transformación.

En la raza humana, la particularidad es la regla sin excepción. Todos tenemos una huella digital que nos distingue de todo otro ser humano vivo o que haya vivido o que vaya a vivir. Y además tenemos un ADN que también es único e irrepetible. Sin embargo, cuando empezamos nuestra vida en la Tierra, de alguna manera nos invitan o nos proponen que seamos iguales a todos los demás, que encajemos.

La perspectiva de la Crisálida te invita a ir al encuentro de tu particularidad y, a partir de allí, descubrir qué aportes tenés para contribuir al todo. Se trata de una propuesta que es un desafío en sí misma, porque no es lo que nos han enseñado que tenemos que hacer.

Hemos aprendido que a lo que no conocemos, lo misterioso, lo aún no manifestado debemos afrontarlo con miedo, o mínimamente con desconfianza. Y nos olvidamos de lo básico que el AMOR es oscuro, que el útero de donde nacemos todos es un espacio oscuro, misterioso, al igual que una crisálida. Una oruga no se transforma a sí misma a la vista de todo el mundo ni pidiendo consejos a quienes la rodean. La oruga se mete en su crisálida –la construye, para empezar- y ahí hace su transformación en su forma particular. Y una vez transformada, sale al mundo a ver el jardín donde habitaba  como oruga desde una nueva perspectiva. Y desde esa nueva perspectiva, hace sus aportes originales.

Esa es mi propuesta y voy a ir compartiendo recursos prácticos con ustedes a lo largo de cada entrega. Te invito a visitarme en Facebook, @CrisalidaAlquimia para ir conociendo un poquito más de mi propuesta y ponerte en contacto conmigo. Muchas gracias por estar del otro lado y dedicarle un ratito a tu transformación.

domingo, 4 de junio de 2017

La pieza fundamental: la relación entre el Maestro Interno y el Aprendiz Interno


Sucede cuando llevamos largo tiempo evolucionando en forma consciente y deliberada en el plano humano que vamos alcanzando frecuencias y vibraciones cada vez más elevadas. Experimentamos esos momentos con mucha intensidad y llegamos a niveles de entendimiento muy elevados, donde la mente entiende claramente que ciertas reacciones son distorsiones de lo que sabemos es “nuestra verdad”. 

La mente entiende, por ejemplo, la lógica que somos seres únicos e irrepetibles, como tan claramente lo muestran nuestras huellas digitales y el mismo ADN, por lo tanto, compararnos con otro ser y sentirnos menos o más es tan ridículo como comparar huellas digitales y asignarles un valor o un “debería ser distinta…”. Sin embargo, cuando la mente alcanza ese grado de claridad, nos está mostrando el siguiente mojón al que estamos regresando, nos muestra el siguiente (o uno de los siguientes) puntos de inflexión y evolución en el camino, por lo tanto, no todos nuestros aspectos están alineados con esa verdad todavía, hay aspectos esencialmente humanos que tienen que ser escuchados, atendidos y abrazados en su incoherencia, dolor, confusión, enojo, etc. Pero resulta que ese acompañamiento “de la mano” a esos aspectos tan bella e inocentemente humanos no nos resulta tan atractivo como seguir explorando los niveles vibratorios y las frecuencias más elevadas. Nuestra mente, que ya “vio” la coherencia y la lógica quiere seguir adelante, y mientras esto sucede, hay aspectos que van quedando relegados.

Es entonces --cuando ya no es posible seguir avanzando en vibración y frecuencia sin antes integrar los aspectos humanos que aún tienen que realizar el camino evolutivo “por el camino de ladrillo amarillo”-- que algún evento o situación se nos presenta en el cual es imposible continuar ignorando a estos aspectos que requieren atención y acompañamiento. Son los momentos en los que afloran emociones de celos, enojo, angustia, ansiedad, desprotección, tristeza, aislamiento, etc.

Si hemos venido transitando el camino evolutivo conscientemente, seguramente hayamos creado o descubierto espacios internos de absoluta seguridad y amor incondicional a los que invitar a los aspectos en proceso de ascensión a expresarse, hacer su berrinche, patalear, llorar, maldecir y hacer lo que necesite hasta que la carga emocional haya sido expresada y liberada en su totalidad. Es en esta instancia que demostramos la evolución que hemos alcanzado, cuando el aspecto humano ya integrado (el Maestro Interno) muestra compasión, amor incondicional y total aceptación por los aspectos humanos que están en proceso de integración (el Aprendiz Interno).

Es fácil para los seres no encarnados amar y aceptar incondicionalmente; el verdadero desafío y la verdadera grandeza humana está en lograr amarse y aceptarse incondicionalmente a sí misma. Cuando un ser humano abre este espacio de Oasis en sí mismo para sus aspectos humanos no integrados, todos sus aspectos más elevados e infinitos pueden sumarse y aportar más amor y sostén, pero es el humano en su libre albedrío el que haciéndolo él primero en su condición de ser que experimenta desde el olvido el que abre las puertas para que todos los aspectos infinitos puedan facilitar y acelerar el proceso de integración.

Para llevar esto a un plano más accesible, podemos recurrir a la siguiente analogía. Imaginemos queremos pintar un cuadro. La mente ve la imagen en forma inmediata, sin embargo al cuerpo le lleva un grado de destreza y un “tiempo” en manifestar esa imagen sobre un lienzo en blanco. Es posible que la mente se entusiasme con muchos diseños que quiere plasmar en diversos lienzos antes de sentarse a dibujar uno cualquiera, pero tendrá que “desacelerarse” y acompañar el proceso del cuerpo y de la mano, conocer las características de las diversas pinturas, lograr habilidad con los diversos pinceles y la maestría en su uso hasta que la imagen mental se refleje en un lienzo físico. Es en este proceso que nuestra evolución se pone de manifiesto, en el diálogo interno entre el Maestro y el Aprendiz que se genera mientras estamos dibujando y pintando. El Maestro Interno refleja el grado evolución alcanzado según la paciencia, la amorosidad y la calidez con la que trata al Aprendiz Interno y según el espacio de Oasis que crea para que el Aprendiz pueda expresarse, innovar, equivocarse, corregirse, y sobre todo *disfrutar* de su proceso creativo. Ese es el verdadero marcador, no el dibujo plasmado en el lienzo final.

Es por eso que la relación entre el Maestro Interno y el Aprendiz Interno me parece una pieza tan fundamental, ya que es el umbral a frecuencias más elevadas Dicha relación es la verdadera muestra de la automaestría alcanzada, el verdadero triunfo interno y la verdadera gloria. 

Saber que la evolución en el plano humano se da a partir de estos nodos de interacción directa entre el Maestro y el Aprendiz internos facilita la experiencia de estos pilares de reconocimiento y evaluación del propio avance y hace que su tránsito sea una ceremonia iniciática que abre el portal al siguiente escalón evolutivo.


Vitki Carolina